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Atentados paraliterarios

2006


Naturaleza Injusta

·4 mins

Cuando era niño, en aquel tiempo incierto en que ya me sabía varón pero aún no había inventado a la mujer, yo anhelaba crecer pronto, convertirme en un hombre adulto. ¿Y cómo evitar ese ansia, teniendo en cuenta lo promisorio de mi destino genético? Crecer varón me garantizaba que, finalmente, dejaría de ser un animalito asustado para convertirme prácticamente en Superman. Formaría parte del Sexo Fuerte, sería sólido e impasible como un peñasco en la tormenta, sería el punto de referencia, el paradigma de la verdad y la justicia para quienes me rodearan.

Esquizofrénicos

·4 mins

Usted seguramente conoce a varios hombres de esos que cotizan en el Mercado de Solteros, Separados y Afines. Piense un momento en ellos, recuerde sus actitudes, apariencias, vestimentas, peinados e ideologías de los últimos meses (u horas, en casos particularmente graves), y comprobará que estos individuos son un tanto… digamos… volátiles. Es como si el andar sueltos los convirtiera en unos veletas que reíte del camaleón, bah. ¿Será cierto que el varón necesita de la mujer para ser al menos someramente estable, como sentencia mi abuela?

A qué orgías no concurrir

·4 mins

En el primer día de sus vacaciones en el Caribe, Martín salió a matar. De abajo para arriba llevaba ojotas, bermudas rojas, camisa floreada, amplia como para disimular la zapán y abierta para que se viera la cadena de oro, anteojos negros con marco de metal dorado y la gorra del Club Atlético Talleres, que no por seductor iba a renegar de sus sentimientos más profundos. Entró a la playa con el pecho henchido, consciente de que las minas lo miraban. Con su andar recio, tirando arena para arriba con el talón de las ojotas a cada paso, se dirigió a un sillón de playa sobre el que se recostó con un profundo suspiro de placer.

Seducción

·3 mins

Por favor una docena de rosas rojas perfectas húmedas de rocío y de deseo cómo no señor son veinte pesos quiere ponerles una tarjeta no gracias bueno aquí las tiene y salgo de la florería rumbo a su casa grandes zancadas prestos los conjuros para ahuyentar a los demonios que acechan por el camino durante días avanzo a paso forzado por pantanos montañas ríos nidos de dragones sembradíos en llamas las rosas en alto siempre rojas siempre húmedas iluminan el camino penetran la niebla guían mis pasos hasta el umbral de su puerta llamo y las rosas se incendian cuando ella sale toda jade sándalo nieve y caoba se las doy enceguecido ella las toma y son un ramillete de serpientes envueltas en celofán grita se desmaya grito también las atrapo y corro de regreso a la florería dejándola inconsciente y esta vez el camino es en bajada limpio nevado las víboras se congelan se hacen esquíes me las pongo me deslizo sobre ellas el viento frío golpea mi cara llego hasta la puerta entro vociferando por qué me vendió estas rosas que son serpientes y en mis manos de nuevo rosas rojas perfectas húmedas es que son rosas que te quiero sólo para mí se venden mucho y pensé que usted pero bueno si no es así se las cambio a ver cuáles le gustan claveles que ya no te amo orquídeas que dame tu sexo tulipanes que no no no nada de eso quiero simplemente rosas rojas luminosas húmedas rosas que sean rosas sean rosas sean rosas y nada más como usted diga señor se las cambio y no se preocupe que son más baratas le alcanza para muchas muchas más que una docena deje que las envíe son tantas que usted solo no puede cargarlas salgo de nuevo y mientras las rosas van hacia ella corro a su casa atravieso valles esquivo bosques desafío tormentas subo montañas y detrás de la última descubro que su casa ya no está desapareció bajo un mar de rosas rojas un mar interminable de horizonte a horizonte de pétalos y espinas y tarjetas que te amo suben bajan rompen en lentas olas que lamen la costa de piedra y ella estará todavía en su casa inundada de flores corro por la playa meto los pies hasta las rodillas en la marea cortante me lanzo de cabeza y nado con todas mis fuerzas hacia donde debe estar su casa pero no llego primero mi ropa luego mi piel mi carne mis huesos se desgarran se derraman se disuelven se confunden con espinas tallos pétalos y comienzo a gotear lentamente hacia el fondo hacia donde su sangre me espera sonrojada.